ELEGIR O NO ELEGIR ¡BOOM! ESA ES LA CUESTIÓN

Después del intervalo veraniego de dos meses, que he dedicado a corregir la traducción al inglés de mi novela Arcadia, vuelvo a LCDA con un artículo que tiene su origen en una frase de la película Inception (Origen en español).

La primera vez que vi Inception no me gustó. Me pareció enrevesada y poco creíble. Entendí la trama, pero la entendí a nivel de trama, es decir sin meterme en las implicaciones filosóficas que sugiere. La primera vez vi una película, la segunda, vi otra completamente distinta. No sé por qué. La película no ha cambiado, así es que soy yo la que lo ha hecho. El caso es que lo que antes era algo plano, ahora está lleno de significados. Y un significado es algo que nos ayuda a entender el mundo y a entendernos a nosotros mismos.

Desde el primer momento de la segunda vez, la película me pareció mucho más interesante, más misteriosa y valiente. Luego empezó a parecerme grandiosa, en sentido literal: un trabajo arquitectónico monumental.

Y de pronto, Leonardo DiCaprio dice “la frase” y esa frase es como una bomba. ¡Boom! La dice y todo lo que estoy viendo tiene un sentido incluso más profundo. Ocurre cuando va con Ellen Page, la arquitecta, a ese mundo que él y su mujer han creado y en el que pasaron cincuenta años. Se lo está enseñando, mostrándole dónde vivían. Es un mundo que soñaron juntos y al que dieron vida juntos. Cuando se refiere al apartamento donde vivían, DiCaprio dice: “In the real world we had to choose, but not here” “En el mundo real teníamos que escoger, pero no aquí”.

Esa frase es de pronto una revelación, una epifanía. En el mundo real por cuestiones económicas, circunstancias de espacio y necesidades concretas de la vida, tienen que escoger un apartamento frente a otro que quizá es más caro, está más cerca de un lugar concreto… Es la vida. En el día a día escogemos una cosa u otra dependiendo de nuestras posibilidades. Pero ahí están soñando y no necesitan escoger, es decir, tienen lo que quieren tener. No es necesario escoger entre un apartamento u otro, simplemente “crean” el apartamento en el que quieren vivir.

Cuando escuché esa frase detuve la película y la escribí, hipnotizada por su mensaje. Escoger, que es uno de los privilegios del ser humano de pronto se transforma en algo necesario y por tanto deja de ser un privilegio. Por supuesto, la posibilidad de escoger es maravillosa, quiere decir que tenemos opciones y además nuestras elecciones nos definen. Pero aquí estoy yendo un poco más allá. Estoy entrando en un terreno por encima de lo humano. Y desde ese punto de vista el tener que escoger entre opciones es algo… La palabra que define exactamente lo que quiero decir es demeaning, que en español se traduce como humillante, degradante, aunque en inglés tiene más connotaciones. Meaning es sentido, significado. Demeaning es reducir el sentido, el significado de algo. Rebajarlo.

Esa frase transforma el sentido de escoger radicalmente. Pero además, escucharla puso de manifiesto algo muy importante y que había pasado por alto: Escoger es humano. Es decir, la frase puso de manifiesto una realidad: Que no somos dioses y que nos falta autoridad.

Luego estuve pensando en las diferentes formas en las que el término escoger puede ser considerado:

La más “baja” en lo que se refiere a posibilidades es si eres muy pobre, ya sea materialmente o en experiencia, inteligencia, conocimiento… tus opciones están limitadas y no puedes elegir. Normalmente tienes que aguantarte con lo que toca, aceptar situaciones que no quieres, hacer cosas que no te gustan, comer lo que te den… No puedes escoger.

En el paso intermedio si tienes capacidad económica, conocimiento, experiencia o una habilidad, estás en un status en el que puedes elegir más cosas en tu vida. Puedes escoger un trabajo, escoger un restaurante, escoger lo que llevas puesto, escoger lo que lees, con quien te relacionas… Puedes escoger.

Y por último, y aquí es donde la frase tomó un nuevo sentido, si eres un dios o lo que es lo mismo, si tu subconsciente está al servicio de tu consciente y por tanto tu palabra es verbo, tal y como lo era la palabra de Dios, no NECESITAS elegir. La elección no existe porque tu deseo se corresponde con la realidad. ¿Qué deseas crear el Universo? ¡Boom! Creado. Un dios no tiene que elegir. Su voluntad es lo que constituye la realidad, su deseo son las leyes de la física, por las que el resto vivimos y nos movemos. Un hombre puede encontrar soluciones a las leyes físicas, usarlas para su beneficio, transformarlas, pero no crearlas.

El acto de escoger es por tanto de la mayor importancia a la hora de definir quiénes somos. Del ejemplo más bajo en el que NO PUEDES escoger, hay un estado intermedio en el que TIENES que escoger, y por último, está el de los seres divinos, que NO NECESITAN escoger. Estos estados definen, como digo, dónde estamos y quiénes somos, más que ninguna otra cosa.

En Inception, mientras están dentro de los sueños lúcidos, que no son unos sueños cualquiera, se encuentran más allá de la elección. Elegir ya no es la opción sino desear, imaginar con suficiente detalle e intensidad como para que ese deseo no sea algo lejano e inasible sino que se convierta automáticamente en realidad.

En la película necesitan encontrar un arquitecto del detalle (Ellen Page es esa arquitecta con el nombre de Ariadne, una referencia que podría llenar muchas páginas en otro artículo) capaz de replicar el mundo real hasta en sus más insignificantes pormenores. Lo que están reprogramando es el subconsciente de alguien y para eso necesitan acceder a toda la información que reside dentro de ese subconsciente y hablarle con la autoridad que posee la realidad (el consciente).

Eso, aplicado a nuestra mente y relacionado con el artículo que escribí sobre el inconsciente o subconsciente, significa que para crear nuestra realidad es necesario que la mente consciente (la arquitecta) tenga en cuenta todos los detalles a la hora de trasmitirle ese deseo al subconsciente. La razón, y esto lo aprendí de un hipnotista indio al que no se le entendía casi una palabra y al que era más complicado seguir que penetrar los secretos del subconsciente, es que el subconsciente se toma todo literalmente.

Yo había leído esto muchas veces, pero no sabía qué quería decir. Lo que esto significa es que si tu le das una orden a tu subconsciente tienes que dársela con todo detalle. Por ejemplo, todos hemos tenido la experiencia de tener que levantarnos a las 5 de la mañana, de poner el despertador a esa hora y de despertarnos solos unos segundos antes de que suene el reloj. La razón es que tu subconsciente sabe y tiene la orden de que te tienes que despertar y él lo hace solo, sin ayuda. Pero también tenemos otra experiencia: Nos tenemos que despertar a las 5 y en nuestra mente sólo da vueltas una idea, algo así como: ¡Jo, lo pronto que me tengo que despertar, a ver si me despierto, con lo pronto que es, seguro que me voy a quedar dormido…! En este caso nos estaremos despertando cada poco toda la noche y finalmente nos despertará el reloj. Ahí la orden al subconsciente es que te tienes que despertar, pero no le estás diciendo claramente cuándo. Lo que él capta es el desasosiego consciente y que hay que despertarse.

Para que algo ocurra, para que sea, hay que darle al subconsciente imágenes claras, ideas concretas. Por eso es necesario que el arquitecto sea perfeccionista. Es decir, que sea un arquitecto con carrera, no un simple cantamañanas con sueños vagos e imágenes en borrador o en sucio.

El sueño es la arquitectura del subconsciente, donde se crea lo que somos. Todo está en nuestro subconsciente. Cuando soñamos no estamos despiertos, no usamos nuestros sentidos, ni la mente consciente, y sin embargo somos capaces de reconstruir mundos, emociones, olores y sensaciones de intensidad a veces mas real que las del mundo real. Por eso, para poner una idea nueva (inception) en nuestro subconsciente, por ejemplo la idea de que no tengo miedo de las arañas o de que soy capaz de librarme de un rasgo de mi carácter que no me gusta o de encontrar dentro de mí coraje o valentía o de que puedo escribir libros fascinantes, es necesario convertirse en araña, ser otra persona, volverse valiente y escribir como Dios. ¿Cómo conseguir ser lo que se desea ser? Siéndolo. Haciéndolo real en el subconsciente y dándole estructura en nuestro consciente.

Podría seguir profundizando, pero me han comentado que mis artículos son muy largos y he decidido hacerlos más cortos. Así es que termino con este pensamiento: Cuando en nuestro subconsciente seamos valientes, lo seremos en la vida real. Porque todo lo que somos está ahí. No hay que olvidar que todo lo que es, nació de la simple orden de un arquitecto que lo tenía muy claro. En un momento dado dijo con autoridad: ¡Qué se haga la luz! Y la luz se hizo. Y nadie pudo hacer nada para que eso no fuera. Por eso todo es tal y como él ordenó, por eso todos vivimos en el universo que imaginó. ¿Es un buen universo? Es el que hay. Porque hasta ahora, nadie más ha demostrado tener semejante audacia, potencia o autoridad. Nuestro universo es el subconsciente de Dios.

Teniendo esto en cuenta queda preguntarnos ¿Qué es entonces nuestro propio subconsciente?

 

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