El Inconsciente

El inconsciente es un término íntimamente relacionado con el psicoanálisis pero no fue Freud quien lo inventó o descubrió. El inconsciente fue creándose a medida que el hombre se hacía consciente de sus… inconsciencias o inconsistencias.  Cuando comenzó a verse a sí mismo con más claridad, a sentirse separado de sus semejantes, debido precisamente a esas idiosincrasias, es decir, cuando comenzó a sentir que necesitaba una explicación de sí mismo y de su propia individualidad que sólo le explicara a él y a sus circunstancias, el término inconsciente comenzó a ser “pensado”.

En la antigüedad, lo que ahora relacionamos con el inconsciente se creía que venía de fuera, de fuerzas sobrenaturales.  Los arrebatos de ira, la inspiración, la intuición se consideraban intervenciones divinas o demoniacas.  Es muy interesante indagar en el origen de términos o creencias que todos damos por sentado y descubrir cómo y por qué una idea o concepto comenzó a tomar forma.

El término inconsciente fue acuñado por el filósofo alemán Friedrich Schelling en el siglo XVIII y más tarde Samuel Taylor Coleridge lo usó en su poesía.  Pero fue Paracelso en el siglo XVI el primero en hacer referencia a ese aspecto inconsciente que él se dio cuenta era la causa de ciertas enfermedades y problemas mentales en sus pacientes.  Sus métodos se reconocen ahora como los primeros intentos de analizar la mente de forma científica.  Puede decirse que Paracelso es el padre de la moderna psicología.  Pero quizá quien más ha contribuido a configurar la existencia del inconsciente es Franz Anton Mesmer, un médico alemán que descubrió la autosugestión, directamente relacionada con la hipnosis.  Mesmer decía que el mundo estaba rodeado de una sustancia invisible que ejercía enorme influencia en el cuerpo humano.  Sospechaba que lo invisible podía modificar lo visible y lo que él llamó magnetismo animal resultó ser la fuerza del inconsciente para modificar nuestra realidad.

hipnosis-faro

Finalmente fue Freud y su fantástica obra “científico literaria” quien acabó por fijar el término en nuestras mentes y convencernos de que hay una parte inconsciente, es decir, por debajo de nuestra consciencia, que es el receptáculo de emociones, traumas y recuerdos reprimidos con la cual es imposible dialogar y a la que sólo podemos acceder mediante hipnosis, sueños, meditación, asociación de ideas y otras técnicas.

Quien sin embargo consiguió formular la idea más intuitiva, menos radical y sobre todo más espiritual del inconsciente y su funcionamiento fue Carl Gustav Jung.  Fue él quien lo desligó de la lacra de sexualidad que arrastraba y quien lo relacionó con el misterio que anida en nuestro interior.  Para Jung existían dos tipos de inconsciente: el personal, formado por nuestras circunstancias y ligado a nuestra individualidad, y un inconsciente colectivo que es la parte más profunda de la psique y que es donde guardamos la herencia que como seres humanos hemos recogido tras miles de años de evolución.  Pero también lo definió como un repositorio de sabiduría y eternidad.  El inconsciente de Jung es el vínculo que nos une a la mente de la divinidad, al saber en estado puro.  En el inconsciente se encuentran las respuestas no sólo a nuestras preguntas personales, sino a las de toda la humanidad.

Carl Gustav Jung

Carl Gustav Jung

Esta idea del inconsciente es la que, a pesar de ser la más fantástica de todas, está tomando fuerza.  La razón es muy simple.  La experiencia, los hechos y los datos confirman creencias que antes pertenecían a la religión o la magia.  Un número cada vez mayor de psiquiatras y científicos, después de años de estudios e investigaciones, de recopilar anécdotas y leer con nuevos ojos las enseñanzas y las crípticas frases de los textos sagrados, se ha dado cuenta de que dentro de nosotros hay algo muy, muy misterioso.  Atendiendo sólo a la evidencia de mi puntual pero prometedora experiencia personal, puedo extrapolar y decir que si fuésemos capaces de encontrar la voz de mando y la posición de dominio necesarias con las que hablar a nuestro inconsciente, podríamos convertirnos en semidioses.  Es decir, podríamos crearnos, curarnos, comunicarnos, sentirnos, conocer y percibir el mundo entero y con ello alcanzar un estado de consciencia que sólo suponemos en seres iluminados o dioses. Y nada de eso es magia o un asunto sobrenatural, es casi fisiología, porque de lo que hablo lo tenemos todos dentro.

Ese paso, o mejor, salto, depende de nuestra autoridad y como siempre de nuestra fe.  La fe, que en su origen era un término religioso, es simplemente creer.  Y no creer en el sentido de…: “buenoooo… yo creo queeee…” No.  Creer con certeza, con pasión, con autoridad, creer con violencia casi.  La fe es una creencia que va unida a un estado de lucidez suprema.  Porque creer a ciegas no es tampoco el tipo de fe a que me refiero.  Si lo que los psicólogos, neurocientíficos y otros investigadores están tratando de probar es cierto, cuando logremos dominar del poder que reside en nuestro inconsciente tendrá lugar una evolución que será una revolución de proporciones históricas.  La re-evolución no será uniforme.  Cada cual a su ritmo, tendrá que encontrar esa voz para poder dominar y conquistar su propio inconsciente.  Cada cual tendrá, como viene siendo habitual desde el principio de la humanidad, que encontrar el camino hacia su interior, trabajándolo.  Pero lo que está claro es que esa conquista será eso, una conquista.  Ya he definido la palabra pero lo voy a hacer de nuevo porque me encanta: Conquista es “logro de alguna cosa mediante esfuerzo, habilidad y empeño”.  Y a esta atractiva definición añado ésta otra: Conquista es también “Ganar un territorio por medio de las armas, dominarlo”.

El inconsciente es un territorio que debe ser conquistado con las armas que sean necesarias porque la meta es que éste responda y actúe según la voz consciente.

Después de mucho leer, considerar lo leído y de experimentar con el inconsciente, he llegado a la conclusión de que lo que llamamos inconsciente son en realidad varias capas de consciencia, cada una con un origen y una función diferente.  Lo que escribo a continuación está basado en mis lecturas sobre el tema, pero incluyo también mis conclusiones y experiencias.  Otra persona puede tener las suyas, o mejor dicho, debe tener las suyas.  Es la única forma de hablar con precisión y sin rodeos de algo tan personal.

No olvidar también que dependemos de las palabras para explicar experiencias inasibles y enigmáticas y que utilizamos palabras que otros han usado antes porque son las que todos entendemos y el propósito del lenguaje es hacerse entender, comunicarse.

Los varios tipos de inconsciente que, no sólo por investigación, sino por experiencia reconozco son:

El inconsciente que Freud llamaba “id” que es el que regula todas nuestras funciones orgánicas.  Este inconsciente tiene como ocupación sanarnos, mantenernos con vida.  Su misión es la supervivencia y actúa movido por las leyes de la naturaleza, o si creemos en Dios, por el diseño que Él ha ordenado para nuestro organismo.  Ese inconsciente no se cansa ni descansa.  Cuando nos vamos a dormir sigue produciendo insulina, la sangre sigue recorriendo nuestro cuerpo, seguimos haciendo la digestión… Ninguno sabemos conscientemente cómo producir insulina o hacer latir al corazón.  El inconsciente lo hace porque está diseñado por quien quiera que sea, para eso.

Después está el inconsciente personal del que se conoce su existencia por los experimentos y estudios que se han llevado a cabo.  La idea que todos tenemos sobre lo que quiero exponer está en esta imagen: Un mago pide que un voluntario suba al escenario y le hipnotiza: “Ahora vas a ser un perro” le dice. Y el voluntario se pone a cuatro patas y ladra sin ninguna vergüenza, convencido de que es un perro.  ¿Qué ha pasado? ¿Es que el voluntario es retrasado mental? No.  ¿Es que está actuando? No.  Cuando se hace correctamente, lo que ocurre es que el mago hipnotiza al voluntario, es decir, derriba sus barreras conscientes y le habla directamente al inconsciente.  Como el inconsciente atiende directamente y sin replicar a nuestra parte consciente, la palabra del mago se convierte en una orden del consciente y el hombre es, durante esos segundos, un perro.

Solamente esto representa un misterio fascinante.  Aquellos que han estudiado a fondo el inconsciente han demostrado que éste responde sin cuestionamientos a nuestras creencias y pensamientos conscientes. Por tanto, una parte de lo que somos, está “dominado” por todas esas creencias que hemos acumulado desde antes de nacer, en nuestra infancia, etc.  Nuestras creencias son nuestra realidad.  Lo que pensamos es lo que somos.  Ese inconsciente personal es el fruto de nuestros hábitos y se mueve e interactúa con el mundo según esas creencias y esos hábitos.  El ejemplo del mago es muy típico y aunque no por eso deja de ser real y tener su importancia, hay experimentos realizados por psiquiatras que son aún más interesantes.  El psiquiatra ordena bajo hipnosis al paciente o voluntario cosas como esta: “A las cuatro de la tarde venga a mi consulta. Se sentará frente a mí y le sangrará la nariz”.  O esta otra, en la que después de escribir con la punta de un lápiz el nombre del voluntario en su antebrazo, el psiquiatra le dice al voluntario bajo hipnosis: “a las cuatro de la tarde vendrá a mi consulta, se levantará la manga de la camisa y las letras de su nombre que he dibujado en su brazo con el lápiz sangrarán”.  Y esto es lo que el ocurre sin que el voluntario sepa cómo ni por qué.  ¿Cómo hace para que le sangre la nariz sin haberle dado un puñetazo, cómo hace que esas finas marcas de lápiz en su brazo supuren sangre?

Otro ejemplo de lo sugestionable que es el inconsciente queda palpable en que es posible dejar de fumar, anestesiar para una operación o librarse de una fobia mediante hipnosis.

Esto nos informa de varias cosas:

1- Que el inconsciente es influenciable, que se le puede sugestionar.  Cuando “abrimos” la puerta que conecta con él, aquello que imprimamos será la única verdad para él.  Si nos hipnotizan en una habitación a 24 grados y nos dicen: “Hace mucho frío. Estamos a -10 grados” comenzaremos a tiritar.  ¿Qué quiere decir esto? Que el inconsciente sólo atiende a la voz del consciente, ignorando la realidad y las circunstancias exteriores.

2- Que el inconsciente controla todos los procesos orgánicos de nuestro cuerpo y que puede hacer lo que quiera. ¿Cómo se hace para que mi brazo sangre por las líneas dibujadas? Ni idea.  La pregunta es ¿Qué podríamos hacer o qué se está haciendo ya, si mediante hipnosis le diéramos la orden de sanar enfermedades o desarrollar habilidades extraordinarias?

3- Como la única realidad para el inconsciente es la realidad que sostiene la mente consciente, si yo creo que soy un inútil, mi inconsciente actuará y esperará recibir el trato de un inútil.  Es decir, el inconsciente no sabe o no está interesado en discernir entre bueno o malo. Simplemente acepta lo que le digamos.

El último tipo de inconsciente es el inconsciente colectivo que Jung nombró o descubrió.  Este inconsciente podría equipararse al universo, a Dios, a todo lo que existe.  Cuando accedemos a este inconsciente tenemos experiencias místicas, adivinamos quién va a llamar por teléfono, conocemos el pensamiento de la persona con la que hablamos, tenemos la intuición de que algo está pasando en un lugar lejano, etc.  Estas experiencias han ocurrido y ocurren a todas horas en el mundo.  Nos pasan a todos y todos tenemos alguna que contar. Esto, nos dicen Jung, ocurre porque a nivel profundo estamos conectados con todo y con todos.

El poder que el inconsciente ejerce sobre nosotros es inmenso.  Hay ya muchos ejemplos y opciones que deberían convencernos. Por ejemplo: Los médicos ya saben que los pacientes que han sido operados bajo hipnosis, es decir sin utilizar anestesia, sangran menos, sienten menos dolor post-operatorio, se recuperan antes, tienen menos probabilidad de tener recaídas…

También se sabe que mediante la PNL o programación neurolingüística se pueden conseguir cambios espectaculares en la conducta y en el carácter.  La PNL es una forma moderna de referirse a la hipnosis de toda la vida.  Es dejar que las palabras nos influyan, que nos cambien.  Los deportistas lo saben mejor que nadie.  Casi todos los atletas de élite utilizan algún tipo de autosugestión o se dejan sugestionar por su “coach”, o entrenador, para rendir más y mejor.

Esta demostrado que todo lo que somos y también lo que no somos tiene su fuente en lo que hemos aprendido, vivido, sufrido, visto, oído… No todo ha sido bueno, tampoco todo ha sido útil.  Para hacernos a nuestra imagen y semejanza tenemos que librarnos de las lacras que otros han colgado en nuestro ser.  Tenemos que re-condicionar nuestro inconsciente, tenemos que liberarnos de miles, millones de impresiones, palabras, juicios, visones, ideas, etc. y crear un nuevo yo.  Eso no se puede hacer sin hacer nada.  Para conseguir algo así de radical hay que luchar, hay que poner todo nuestro empeño, inteligencia y voluntad.  Esas son las armas.  Y la acción es matar, destrozar, decapitar a todos esos pequeños o grandes monstruos que impiden que nuestro inconsciente sea tal y como deseamos que sea.  Es decir, para conseguir un nuevo y poderoso yo tenemos que matar, destruir al viejo yo.  Y esto no lo conseguiremos con dulces palabras o mediante coqueteos.  Al inconsciente hay que hablarle con autoridad.  No tanto autoridad en el sentido en que le decimos a un perro: ¡Ven aquí! ¡Siéntate! Sino certeza y seguridad: Aquí es donde tienes que estar.  Aquí donde te sientas.

En el siglo XIX surgió un movimiento espiritual llamado “New thought” Nuevo pensamiento, que entre otras cosas decía que las enfermedades se originaban en la mente como consecuencia de creencias erróneas.  No sé mucho de este movimiento, pero desde luego muchas de sus ideas y creencias son ahora corroboradas por psiquiatras y médicos.  Se sabe que las emociones y especialmente las emociones negativas, influyen directamente en nuestro estado físico.

Hago referencia a la ciencia porque sus métodos son exhaustivos y medianamente fiables.  En realidad es un lenguaje para interpretar el mundo y lo que ellos están comenzando a confirmar ya lo sabe el hombre de a pie desde hace milenios.

Lo que tendríamos que tener claro es que en el inconsciente reside una de las mayores fuerzas de la naturaleza.  Todos hemos tenido pruebas de su poder.  El hombre ha dado durante la historia miles de explicaciones a ese poder.  Cada vez más, nos damos cuenta de que todo viene de dentro, que somos el centro del universo, de nuestro universo, y que somos los dueños y señores, o al menos deberíamos serlo, de todo aquello que nos conforma.

Siempre hago referencia a la Voz de Dios, a ese verbo que se hizo carne y habitó entre nosotros.  No soy devota de La Biblia, pero contiene cosas misteriosas, interesantes y dignas de atención.  Esa Voz, según se dice en sus páginas, es algo poderoso, es una voz de mando tan potente que es capaz de crear el mundo en siete días.  Teniendo esto en cuenta me pregunto: Asumiendo que no somos Dios, que todavía no lo somos, o que quizá lo somos sin saberlo: ¿Qué podríamos hacer si poseyéramos una voz así? Y me sigo preguntando: ¿Por qué no experimentar para saber qué clase de Voz tenemos?

Yo, que mantengo un estado constante de investigación y experimentación, puedo confirmar que cuando se hace correctamente esa voz es todopoderosa.  El problema es mantenerla, conseguir sostener la autoridad y hablarnos siempre desde esa altura, desde ese trono.

Pero cuando esa voz se asiente por fin en nuestro ser y conquiste nuestra consciencia… ¿Qué ocurrirá entonces?

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