El héroe, emblema inherente de la inmortalidad

Esta es la charla que ofrecí el 16 de Mayo en Almagro en el XI Encuentro Eleusino. La he adaptado a partir del original, que era casi un esquema de ideas para guiarme en los puntos que quería tocar. Para mí, y estoy segura que para los que estáis familiarizados con mi trabajo, es una introducción a lo heroico. Una charla de cincuenta minutos no da para profundizar demasiado en un tema tan amplio. Esta presentación cubre puntos esenciales con fluidez y esboza de forma básica la relación del héroe con la inmortalidad. A los que ya conocéis mi trabajo espero que os sirva como recopilatorio de ideas. Para los que no lo conocéis, espero que os descubra una herramienta tan útil como fascinante a la hora de crearnos y crear nuestro destino.

“Inmortalidad, del mito a la realidad.

El héroe, emblema inherente de la inmortalidad”

INTRODUCCIÓN

Durante este fin de semana vamos a contemplar varias formas de enfocar y entender la inmortalidad, desde la medicina, el coaching, la filosofía, la biología, todas interesantes y todas reveladoras. Cuando pensaba acerca de este tema, en cómo enfocarlo, me di cuenta de que el término es muy distinto cuando nos quedamos a solas con él. Cuando nos enfrentamos a este concepto enorme: ¿Qué podemos decir de la Inmortalidad? Porque lo cierto es que por muy viejos que seamos, cuando se nos preguntan acerca de la inmortalidad somos como un niño al que se le pidiera que nos explicara qué es ser viejo. Un niño jamás podría explicar qué es ser viejo.

Mi enfoque en este encuentro sobre la inmortalidad va a ser desde lo heroico y la intensidad. Me gustaría haceros llegar la idea de que el verdadero logro en la vida es conseguir la inmortalidad teniendo un tiempo limitado.

Lo primero que tenemos que pensar es que la inmortalidad no es un concepto aislado. No estoy yo y luego la inmortalidad. Pensar en la inmortalidad implica plantearnos cuestiones esenciales: cómo veo la vida, qué es la vida, cómo usamos las horas, cómo nos relacionamos con los otros. Y sobre todo, qué idea tengo de mi mismo.

Para hablar de la inmortalidad desde nuestra piel hay que involucrarse emocionalmente.

Por eso me gustaría que pensarais para vosotros o escribierais, qué es para vosotros la inmortalidad:

  • ¿Cómo te imaginas a ti mismo siendo inmortal?
  • ¿Crees que serías feliz siendo Inmortal?
  • ¿Por qué crees que es algo deseable?
  • ¿Qué significa para ti ser inmortal?

MITO

Voy a analizar qué es la inmortalidad desde dos puntos de vista básicos: el del mito y el de la realidad.  Porque tenemos que pensar que aunque es un tema antiguo, que casi nace con los seres humanos, la inmortalidad es un mito. Y es un mito porque es algo que es verdadero, pero no real. Es verdadero porque podemos sentir nuestro deseo de inmortalidad con una claridad emocional incuestionable. Pero es un mito porque nunca ha ocurrido.

Los mitos son historias que simbolizan algo que no puede ser explicado de otra forma. El mito de la inmortalidad lo hemos creado entre todos. Pertenece a la humanidad porque nuestro deseo de perdurar está en nuestro ADN. Durar no es algo moderno, basado en las nuevas posibilidades que se nos abren con la biología o las nuevas tecnologías, es ancestral.

Os pedía que pensarais qué es para vosotros ser inmortales porque cuando nos imaginamos inmortales desde el mito nos imaginamos poseedores de unas cualidades, de unas capacidades y una biografía muy concretas. La inmortalidad mítica no es sólo tiempo.

Por ejemplo, cuando nos imaginamos inmortales no nos imaginamos yendo al trabajo en autobús durante 340 años, o sacando la basura, o paseando al perro o llevando niño al dentista, o leyendo las calorías de un alimento.

Cuando nos imaginamos inmortales desde el mito nos vemos libres de todas las tareas que conforman nuestra existencia cotidiana, fuera de las presiones de la sociedad, de los deberes familiares y materiales e incluso de las presiones del cuerpo. Es decir, nos imaginamos independientes y autosuficientes.

Del mismo modo, cuando nos imaginamos inmortales desde el mito nos vemos inmortales sólo a nosotros. Yo soy el inmortal. El resto sigue siendo mortal. No nos imaginamos en el mismo trabajo, con la misma gente, asistiendo a las mismas reuniones por toda la eternidad. Eso casi sería una pesadilla ¿no es cierto? Y es que, aunque nuestra vida sea fantástica, la previsibilidad avejenta, inmoviliza. Esto lo sabemos porque desde principio de la historia todas las culturas cuando hablan de inmortalidad lo hacen separando al inmortal del resto. Está el inmortal y luego el resto de la humanidad.

Desde el mito también nos imaginamos sabios. Nadie se imagina siendo inmortal y mirando techo o teniendo que preguntar en la calle: ¿Oiga podría ayudarme con esto? Es decir, cuando nos imaginamos inmortales poseemos unas capacidades por encima de las que tenemos normalmente.

¿Qué nos dicen estos detalles y facultades que asignamos a la inmortalidad?

Primero que la inmortalidad no es un deseo altruista. Pone de manifiesto nuestro deseo de independencia, autosuficiencia e individualismo. Es un sueño que nos aparta de la multitud y la rutina. Nos aparta de lo cotidiano. Siendo inmortales estamos por encima de “eso”.  ¿Y qué es “eso”?  Nuestra humanidad.

No es casualidad que a los dioses les hayamos otorgado el atributo de la inmortalidad o que sus cualidades sean la independencia, la autosuficiencia y la sabiduría…. Los dioses saben qué hacer en todos momento sin esfuerzo. Usan su sabiduría o su fuerza para actuar, para ser. Y en ese esquema, hemos concedido que todo eso les sea innato, no trabajado.

Por tanto, si analizamos la idea que hemos construido alrededor de la inmortalidad, vemos que es un deseo de librarse de la realidad, es decir, de dejar de lado todo lo que nos hace humanos, es decir, de ser dioses.

Pero si somos sinceros lo que en realidad queremos es  escaquearnos del esfuerzo de ser hombres, del trabajo de ser. Y es que ser hombre, vivir, cuesta.

Por tanto la inmortalidad es un deseo de Independencia + autonomía­­ que se traduce en libertad, en emancipación de lo que nos ata, desde lo social a lo orgánico.

REALIDAD

Ahora vamos imaginar la inmortalidad desde la realidad.  Imaginemos que unos científicos inventan una fórmula que nos hace inmortales y que la bebemos.

Bebámosla.

Ya  somos inmortales.

¿Os sentís diferentes?

No.

¿Por qué no?

Pues porque sin todos esos atributos, la inmortalidad es sólo tiempo

Y si es solo tiempo quiere decir que hoy es nuestro día 1º de inmortalidad. Y este día 1º cuenta y es tan único e irrepetible como lo será un día dentro 400 años. Si quieres días, hoy es uno de ellos. Si quieres tiempo, ya lo tienes, es HOY.

Ahora deberíamos preguntaros ¿Tiempo para qué? ¿Qué haces con ese tiempo?… Porque para conseguir esa inmortalidad mítica que analizaba antes, y todos esos atributos: sabio, independiente, autosuficiente, libre de las presiones sociales, familiares, etc, solo con tiempo no vale. Es obvio, pero para que haya un cambio quien tiene que cambiar eres tú. Si sólo contamos con el tiempo todo seguirá igual. El yo es la clave de todo. Por eso llegados a este punto podríamos preguntarnos: ¿Qué clase de inmortal quiero ser? ¿Me imagino tumbado en la playa o en un laboratorio tratando de descubrir cómo curar una enfermedad que mata a los mortales? Si soy inmortal desde el tiempo, la clave es saber qué hacer con ese tiempo.

Desde la realidad, es decir, desde la duración, vemos además que tenemos que seguir comiendo, trabajando, atendiendo las necesidades familiares, que tenemos que sacar al perro… Es decir, si somos inmortales desde la duración, no desde nuestra idea mítica, tenemos que continuar involucrados en nuestra humanidad. Regresamos al trabajo de ser.  Lo que esto nos dice es que ni siquiera a la inmortalidad se llega golpe, que todo lo que merece la pena hay que trabajarlo.

Por que preguntémonos: ¿Cuándo comenzaríamos a ser inmortales? ¿Cuándo hubiéramos vivido cuánto? Imaginemos que tenemos 400 años, ¿Creéis que entonces conoceríamos  las grandes respuestas…?: Si Dios existe, si hay algo después de la muerte para los mortales…  ¿Creéis que son tiempo lo que las grandes respuestas requieren?

Analizando la inmortalidad vemos que ese mito que imaginamos es simplemente una acumulación despreocupada de tiempo.

 Siendo inmortales desde la duración, desde la realidad, lo único que tendríamos sería tiempo y nos enfrentaríamos a la tarea de qué hacer con él. Desde esa inmortalidad iríamos acumulando días, meses, años, siglos… ¿Y qué veríamos? Veríamos cosas increíbles, avances y creaciones maravillosas, que los MORTALES irían creando. Como inmortal disfrutarías, igual que todos los otros mortales, de esas creaciones, harías uso de ellas como el resto. Con esto quiero decir que no hay que olvidar que la historia y sus logros está hecha por mortales. Las grandes sinfonías, las obras maestras de la literatura, los rascacielos, los sistemas filosóficos, las películas, la aspirina, la electricidad, el avión, el teléfono, internet, el alcantarillado, Roma, París, el vino y los pasteles de nata… todo está creado por mortales. ¿Qué nos dice esto? Que para crear grandeza, para conseguir algo que cambie el mundo, algo perdurable y eterno, el tiempo no es lo más importante. Vemos que una cosa es el mito de la inmortalidad y otra su realidad.

Una curiosidad significativa nos muestra que en la Naturaleza, cuanto más longevo es un ser, más vive su vida en estado latente, es decir, menos intensidad hay en su vida. Matusalén, por ejemplo, es el ser vivo más viejo que se conoce. Es un árbol que está en California y que tiene 4845 años. Cuando pensamos en inmortalidad no nos imaginamos así ¿no es cierto? Plantados durante 4000 años en el mismo sitio como un árbol.

No solo queremos tiempo. La inmortalidad que soñamos no es duración, es tiempo lleno. Es intensidad.

Ya hemos visto que desde el mito lo que queremos es asemejarnos a los dioses. Antes he hecho referencia a algo que a simple vista podría parecer poca cosa: la creación. Pero si nos preguntamos: ¿Qué atributo compartimos ahora, ya, con los dioses? La respuesta es la creación. Crear es un acto divino. Un ser longevo y estéril sería una maldición.

La mortalidad requiere valor, coraje. Si regresamos a la pregunta del principio y le damos la vuelta, vemos que requiere incluso más coraje enfrentarse a la mortalidad que a la inmortalidad. Si nos preguntamos: ¿Qué pasa cuando nos enfrentamos a solas con nuestra mortalidad? La respuesta es: surge el coraje de ser.

EL CORAJE DE SER

Ahora vamos a situarnos aquí y ahora.

Puede que dentro de 200 años los humanos sean inmortales, pero ahora, hoy, a lo único que podemos aspirar es a vivir más. Y para eso sabemos lo que tenemos que hacer: comer bien, hacer ejercicio, dormir…

Hoy, nuestra misión es aprender a vivir con nuestra mortalidad. Hay una frase de Anatole France bastante cruel pero muy cierta que dice: “El hombre corriente, aquel que no sabe qué hacer con su vida, querría tener otra, una que durara para siempre”

Y es que ser consciente de nuestra mortalidad requiere coraje. Ese coraje es precisamente el que aporta valor a nuestra vida. El que nos proporciona la clase de inmortalidad a la que HOY podemos aspirar, que es además la que merece la pena, y que por supuesto, no está relacionada con el tiempo.

La inmortalidad de la que hablo está fundada en valores e ideales eternos, en la grandeza y en la elección. Es una forma de mirar, ser y estar que nos transforma, que nos eleva. Es una inmortalidad que transciende nuestra carne humana. No es sólo tiempo, duración, recordar ese árbol plantado durante milenios en el mismo sitio, es vida, es intensidad. La inmortalidad del héroe, nuestra inmortalidad, es la que nos ganamos al hacer uso de lo que somos y de lo que tenemos.

Queremos ser inmortales, pero si no tenemos una idea grandiosa de nosotros mismos y de nuestras posibilidades ¿Cómo llenaremos los siglos? Por mucho tiempo que tengamos, si éste no está lleno, si no somos protagonistas, si no estamos vivos y dando lo mejor a cada instante, ¿De qué nos sirve todo ese tiempo?

El verdadero coraje de ser, no es usar tiempo para tener más tiempo, sino hacer de nuestra vida nuestro momento de Aristeia.

En la Antigua Grecia, la Aristeia era el momento en el que el héroe daba lo mejor de sí en batalla. Desde nuestra perspectiva moderna, lo ideal sería hacer de nuestra vida nuestro momento de Aristeia.

Yo voy a proponeros una forma de ser y estar en el mundo que no tiene en cuenta la duración sino la intensidad. Y para eso voy a usar una figura que ejemplifica este tipo de inmortalidad desde principio de los tiempos, la del héroe. El héroe nos enseña que nuestra vida depende de la elección de valores que escojamos y del estado mental y emocional con que construyamos nuestros días.

El tema de la inmortalidad está directamente relacionado con el héroe y vamos a ver por qué.

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EL HÉROE COMO EMBLEMA DE LA INMORTALIDAD

¿Por qué hemos creado la figura héroe? ¿Por qué es tan importante?

Porque el héroe cuenta con y hace uso de unos valores e ideales eternos para enfrentarse a su mortalidad. El error de la mayoría es creer que esos valores e ideales son algo abstracto, lejano, algo que no se puede usar en la vida diaria. El héroe sabe que son lo único que garantiza una vida digna de ser vivida, recordada y emulada.

¿Y qué sabemos de la figura del héroe? Sabemos que el  héroe es el guía arquetípico de la humanidad. Su actuar es el modelo por el que la humanidad actúa. Incluso en una época como la nuestra, que parece tan alejada del ideal y tan reacia a adoptar valores, la figura del héroe está presente. Nadie cuando es pequeño dice: Yo, de mayor, quiero ser villano. Todos soñamos con ser héroes.

A nivel personal el héroe marca el camino. Y no importa cuanto nos alejemos en el tiempo, la figura del héroe, real o de ficción, está ahí para recordarnos que es posible. Pero para ser héroe hay que actuar como un héroe, pensar como un héroe, mirar como un héroe. Detrás de todo ideal conquistado se esconde un trabajo formidable, una pelea constante de fuerzas que amenazan tanto desde dentro como desde fuera.

A los héroes, como a los dioses, les hemos otorgado la inmortalidad no por su duración, sino porque reconocemos que con lo que todos tenemos, ellos han hecho algo grande.

La definición que más me gusta del héroe pertenece a un libro de Savater, La tarea del héroe, que os recomiendo. Es uno de los mejores libros sobre el héroe y lo heroico que he leído, y del que he sacado las conclusiones más interesantes y profundas . Dice así:

“HÉROE ES QUIEN LOGRA EJEMPLIFICAR CON SU ACCIÓN LA VIRTUD COMO FUERZA Y EXCELENCIA”

Vir en latín significa Hombre. De esa raíz vienen virilidad y virtud que antes no tenía un sentido moral, sino más bien de perfección y excelencia. Virilidad es fuerza, valor y excelencia, todos ellos atributos que antes definían al Hombre.

De los héroe sabemos también que su culto se hizo oficial en Atenas en el año 620BC cuando Dracón procedió a registrar por escrito que los dioses y los héroes de la patria fueran venerados en común. Este ritual llevaba siglos celebrándose en Grecia, lo que Dracón hizo fue hacer oficial una creencia antigua.  Y es que a los dioses se les hacía sacrificios antes de la batalla, pero a los héroes se les llamaba a voces en el fragor de la ofensiva. Jenofonte dijo que hicieron a Grecia invencible. Hay documentos que testifican que en la batalla de Maratón muchos vieron a Teseo aparecer revestido con sus armas y su escudo de guerra. Y lo mismo ocurrió en Salamina. Lo que esto quiere decir es que para los antiguos griegos, los héroes eran reales. Eran una imagen cercana a la que podían invocar y emular.

Vamos a ver unos ejemplos que confirman que el tiempo, la duración, no es una señal que distinga al héroe, que una misión y la intensidad con que deseamos cumplirla es lo que importa a la hora de convertirse en inmortal. Alejandro Magno nació en el 365AC, subió al trono cuando tenía 20 años y murió con 33 años. (Imaginemos hoy un chico de 20 años. ¿Qué posibilidades tendría hoy Alejandro de ser Alejandro?). ¿Cuál era su aspiración? Parecerse a  Aquiles, el héroe griego por excelencia. Luego lo veremos, pero una de las características del héroe es que emula a otros héroes. Las crónicas relatan que Alejandro vivió la vida sin miedo, con audacia y ambición. Una vida muy masculina. Se dice que tenía siempre presente el precepto de Aristóteles, su maestro, que le decía: “Sé aquello que deseas parecer”.

Otro hombre que no necesitó tiempo para ser inmortal: Jesucristo. Murió con 33 años y a partir de su muerte los días se cuentan por él. Dicen era Dios, pero ¿Y si fue un hombre con un sueño tan inmenso y sagrado que logró convencernos a todos? ¿Y si fue alguien con una fe tan enorme en su misión y en su mensaje, que el resto, siempre dubitativo y ansioso de que le muestren el camino, no tuvo más remedio que caer rendido ante su sueño?

Byron, murió con 36 años y fue el poeta más famoso y admirado del su tiempo. Deslumbró a una Europa fascinada por el Romanticismo y lo imposible y en una época en la que la proliferación de genios fue de las más fecundas de la historia, él logró ser la envidia de todos, incluso del padre de todos ellos: Goethe. Su muerte fue una tragedia a nivel “global”. Cuando llegaron noticias de Grecia de que Byron había muerto un joven Tennyson escribió en un árbol “Byron ha muerto”. Como si fuera un hecho imposible de aceptar. Y Goethe, el sabio más respetable y eminente, abrió su obra más importante, el Fausto, para dedicarle a Byron sus últimos versos.

Jim Morrison, líder y cantante del grupo The Doors, murió con 27 años. Era poeta y ya en vida fue una leyenda. Si hoy vamos al cementerio de Pere Lachaise, en París, vemos que su tumba se mantiene “viva”, está llena de flores, botellas de whisky, porros, velas…

¿Por qué? ¿Por qué esta veneración por los héroes?

Porque los héroes nos recuerdan que podemos hacer de nuestra vida nuestro momento de Aristeia, de excelencia, que podemos coger lo que tenemos y hacer con ello algo grande.

Durar es fantástico porque el mundo y la vida son maravillosos. Pero para el héroe la duración no es algo a considerar. Es casi una aberración, un desperdicio comparado con la intensidad. En la intensidad esta implícita una misión. Y es que con una misión todo adquiere sentido. Sino, la Realidad, que es enorme e inabarcable, nos engulle, nos desmenuza. Con una misión no vamos en círculos, creamos, avanzamos.

Mi aproximación a lo heroico es de admiración y como Emerson creo que los héroes están para hacer uso de ellos, para ayudarnos a encontrar el camino, para estimularnos, para revelarnos nuestras metas, para sacudirnos la inercia, para recordarnos que nuestra vida es única y que el sentido lo aportamos nosotros. Los héroes, ya sean reales o de ficción, nos recuerdan que es posible, porque son hombres y si ellos lo han logrado, nosotros también podemos lograrlo. Por eso es importante saber qué atributos distinguen al héroe.

A nivel primordial el héroe se distingue por saber escoger. Lo que escoge para ser son precisamente los atributos que le diferencian del resto.

¿QUÉ ATRIBUTOS DISTINGUEN AL HÉROE?

1. Mundo por hacer.

“Para estar dispuesto a realizar un esfuerzo considerable que rebase la medida de lo que comúnmente se practica, sin que la época pueda dar una contestación satisfactoria a la pregunta -¿para qué?-, es preciso un aislamiento y una pureza moral que son raros y una naturaleza heroica o de vitalidad particularmente robusta”

Thomas Mann,

 La montaña Mágica

Para el héroe el mundo es hoy tan nuevo como lo era en la Antigua Grecia. No todo está dicho y hecho. El héroe no piensa que ya no merece la pena esforzarse. El entusiasmo es lo que define al héroe. No se pregunta para qué, no siente el peso del tiempo que le precede y mucho menos el que está por venir. Su transitoriedad no le paraliza, porque sabe que su momento es el más importante de la historia. En realidad es igual para todos. Si nos preguntamos ¿Qué hay en este momento de la historia diferente a todas las demás épocas? La respuesta es: tú. Las armas del héroe son el entusiasmo y la virilidad en sentido ontológico. Para el héroe la vida es una aventura continua. Una ocasión para crear. Los grandes avances de la humanidad los han logrado individuos que no creían que todo estaba hecho. Es curioso observar también, que todo avance es, casi siempre, una lucha de ese creador, inventor o pensador contra los impedimentos que le pone la masa. Una lucha de uno contra todos.

2. El héroe sabe admirar

La admiración es una cualidad cualitativa y significativa dentro del ethos heroico. Según José Antonio Marina, la admiración es:

“Sentimiento de alegría y ensanchamiento del espíritu ante lo que se juzga excelente. La admiración es el reconocimiento de lo superior, sin envidia, ni mezquindad. Y ese sentimiento me parece absolutamente necesario para el progreso de una sociedad. Una sociedad incapaz de admirar, que se enroca en un desdén universal, que sospecha de todo lo bueno que observa, carece de modelos que emular, es ciega para la grandeza, y lo más probable es que se hunda en un desprecio generalizado y suicida. Por supuesto, si la admiración se dirige a quien no lo merece, a personajillos inflados por la fama, no es un sentimiento bien ajustado y cooperará a la confusión. Ya sabemos que los sentimientos pueden ser inteligentes o estúpidos”

José Antonio Marina

Los héroes usan a los héroes, se nutren de ellos, porque en su naturaleza está reconocer la grandeza. Como dice Marina no es lo mismo admirar a un personajillo de la TV que a Alejandro Magno. La mirada del héroe está centrada, enfocada, no en lo que desprecia, sino en aquello que admira y desea emular.  Y por supuesto no glorifica la igualdad o lo mediocre. El héroe no honra lo accidental, honra un pasado glorioso, canónico, que trata de superar. Podría decirse que la admiración es un instinto en lo heroico.

3. Actúa para sí mismo.

“El alma noble siente reverencia por sí misma”

Nietzsche

Nadie aprecia más una hazaña que quien conoce sus límites y cuando el héroe actúa lo hace para observarse, medirse y superarse a sí mismo. Nadie le exigirá tanto ni será menos compasivo. Byron por ejemplo, cuando vivía en Venecia y salía de las fiestas de sus amistades, en vez de volver a casa en góndola, se tiraba al agua con una antorcha en la mano para no ser golpeado por los gondolieri, y nadaba hasta su palazzo. ¿Qué necesitaba demostrar? ¿No era ya admirado, amado, incluso temido por todos?  La realidad es que ése no era su público. Mi impresión es que dentro de cada héroe se esconde un anfiteatro lleno de espectadores silenciosos y exigentes a los que es imposible defraudar. Su público es un sí mismo ciclópeo y riguroso que abarca las creaciones y logros de toda la humanidad. Su misión es su vida y para el héroe lo importante es mantener esa vida, esa misión y a sí mismo puros, sagrados. Sólo él puede medirse, saber si está a la altura de sus propias expectativas, porque solo él conoce hasta dónde puede llegar. El héroe, además, sabe lo que quiere. Hay una frase de Emerson que dice: “El mundo despeja el camino para el hombre que sabe donde se dirige”. Yo diría aún más, diría: Dime para quien actúas y te diré quien eres.

4. Movido por el ideal

“El héroe aspira a la perfecta nobleza, es decir a que su deber no se le imponga como una coacción exterior, sino que consista en la expresión más vigorosa y eficaz de su propio ser”

Fernando Savater

La mayoría de hombres se acercan a la virtud desde la ética es decir, desde fuera. Ese no robar o no engañar, la mayoría lo acepta como imposición porque sabe que hay consecuencias: la cárcel, el rechazo social… En el héroe en cambio, la actitud “virtuosa”, como decía antes vista desde el sentido de perfección y excelencia, no moral, surge de su naturaleza. Para héroe lo importante no es conseguir “lo que sea” a toda costa, no sino hacerlo con grandeza, con dignidad. El héroe dice Savater, es quien triunfa con la virtud en la mano. Movido por su ideal de excelencia, el héroe quiere establecer relaciones con lo eterno. Porque no aspira a lo posible, sino a lo imposible. El héroe aspira abiertamente a la felicidad, a la belleza, a la justicia, es decir a alcanzar ideales eternos que raras veces están reflejados en el mundo que le rodea. Que no los vea alrededor no le intimida. El héroe jamás se deja intimidar por Realidad. Dónde otros se retiran, él sigue adelante, solo.

5. Individualista

“Si el hombre comenzó siendo un animal social ¿No están el progreso y la civilización dirigidos a hacerle un individuo? ¿No es ese el único progreso posible? Si los hombres son los animales mas evolucionados, ¿No es el hombre el siguiente paso?”

Ayn Rand

 El héroe no teme la soledad. Hoy es difícil estar solo. Siempre estamos rodeados de gente, acompañados, somos vistos y juzgados en las redes sociales, vivimos en un constante acompañamiento que no deja espacio para la soledad. Y la mayoría ni siquiera se detiene para preguntarse: ¿Quién soy sin la mirada y la opinión de los otros? El héroe a diferencia del resto, no tiene miedo de seguir su propio criterio, de estar solo. Su actuar está movido por unos valores distintos a los del resto y se da cuenta de que esa soledad es precisamente lo que los mantiene puros, inviolados. Se da cuenta de que su soledad es fecunda. Lo que desea es conquistar su plenitud poderosa, tener un yo que no que deje lugar a dudas. El héroe ve además que la soledad de Dios es su fuerza. Y que el mundo, que vive inmerso en lo practico y lo posible, no puede medir ni entender su tarea. Por eso debe protegerla. Porque sabe que la mayoría toma ideas y opiniones prestadas y raramente sabe lo que quiere con tanta claridad. La meta del héroe es pensar por sí mismo, escoger y decidir por sí mismo. Por eso no desea seguidores, ni súbditos. Si desea a alguien alrededor es a iguales, individuos que comprendan el trabajo y esfuerzo que implica ser heroico.

6. El héroe desea ser causa sui

“El héroe actúa para convertirse en el ideal que tiene de sí mismo”

Lionel Trilling

 El héroe quiere ser causa sui, es decir hacerse a sí mismo a su imagen y semejanza. No desea ser consecuencia de otros, ni siquiera de sus padres. Y como todos, el héroe tiene padres. El tema de los padres es muy importante en la consecución de lo heroico. Por un lado, la madre rechaza lo que separa, lo que independiza, es profundamente social y preservadora de vida. Ella es el verdadero peligro del héroe porque ablanda y conserva, porque acolcha las esquinas y su principal tarea es como digo, preservar la vida, aún a costa de la intensidad, que es como hemos visto una cualidad de lo heroico. El Padre por otro lado representa la virilidad, que es esencial para héroe. La virilidad del hombre es conquista, fuerza, poder, movimiento, actividad… Todos estos términos en sentido positivo, porque sin esa virilidad, sin ese impulso masculino, todavía estaríamos en las cavernas, muriendo a los 25 años de una gripe. El padre es solitario y jerárquico. Como Dios Padre, el héroe no quiere ser engendrado por una madre, quiere ser causa sui.  Pero como el padre es también heroico, no está dispuesto a dar el relevo. De este instinto surgen casi todas las mitologías y teogonías de la historia. Por eso el héroe debe huir de los dos.  Tiene que dejar de ser hijo y convertirse en hombre, crearse a partir de lo personal, no de lo heredado.

7. El héroe quiere Ser, no tener

“ethos anthropos daimon”

Heráclito

Esta máxima de Heráclito significa: El carácter de un hombre es su destino. Esta frase tiene mucha miga porque en la antigüedad podía leerse de izquierda a derecha y de derecha a izquierda, pero quedémonos con que el carácter es la meta del héroe: SER. El héroe quiere ser amo de sus emociones, de su mente y enseñarse a sí mismo a disfrutar del esfuerzo de ser. No quiere un éxito de villano. Para el héroe el triunfo es conseguir ser lo que quiere ser. Por eso, del héroe no decimos nunca que se ha comprado un reloj o que tiene tres coches… Como su meta es ser, el héroe se hace invulnerable chantaje, a lo que se consigue vendiéndose o comprándose, a lo material.  Es obvio que el coraje, la fuerza, la valentía, la voluntad, no se compran. El héroe sabe que se puede ser y elegir, y cambiar cosas y a la vez cumplir nuestro destino, y que todo eso es una misma cosa. Su deseo es brillar en su hacer y las circunstancias son su forma de descubrirse. Eso nos lleva al siguiente atributo.

8. El paraíso no es suficiente para el héroe

“La vida es logro. Proponte una meta, algo que quieras hacer y ve tras ello, atravesando cualquier obstáculo, concéntrate solo en eso, todo voluntad, todo concentración – y consíguelo”

Ayn Rand

Para el héroe la vida es conseguir, conquistar. Desea usar sus capacidades y por eso rechaza la idea del Paraíso, porque vivir en el Paraíso es perderse en lo que otros dan. El héroe no espera que algo cambie, sabe que él es quien debe originar el cambio. La promesa de un Paraíso es la muerte del héroe porque sabe lo que quiere y cómo conseguirlo y es en su hacer donde se vuelve heroico. Por eso lo que teme no es la lucha y el esfuerzo, sino la ociosidad y la desidia. El héroe no quiere olvidarse sí mismo por eso huye, se aparta, de todo lo materialista y maternalista, como Savater relaciona, y sale a la aventura, a exponerse. No le importa depender de sus propios recursos. Por eso tampoco se contenta con la promesa de una vida en el más allá. El héroe no cuenta con el más allá para ser. El presente, su vida, es un ahora continuo. Por eso:

9. El héroe no teme la muerte, ni calcula el tiempo

“Se vuelven heroicos los que no viven rechazando la muerte, sino quienes se afirman como presentes en el mundo en todo lo que acontece”

Antonia Birnbaum

El héroe quiere crearse una vida, no sólo vivir. Y sabe que para vencer a la muerte es necesario construirse existencia única e inalienable. Decía Emerson: “Me vuelvo inmortal al darme cuenta de que poseo bienes incorruptibles”. El uso de esos bienes incorruptibles, que no son más que los ideales y los valores eternos con los que se mueve, son lo que convierten al héroe en inmortal. Para él sólo existe la oportunidad de ser, de crear, de dar sentido. Y es que sabe que el momento siempre está ahí, que somos nosotros los que tenemos que detenernos y capturarlo. Porque lo sagrado ES, siempre. Uno de los mayores triunfos del héroe es su capacidad para esculpir y pintar la atmósfera a través de la cual mira. Y una de las formas de arte más elevadas consiste en alterar la calidad del día: Despertarse con un humor, acosado por pensamientos o emociones negativas y con un esfuerzo consciente cambiarlo. El héroe quiere hacer su vida memorable hasta en sus menores detalles. Su trabajo es el presente, por eso ignora  a la muerte.

Y además es sabido desde la antigüedad que quien pretende huir de la muerte, se encuentra con ella y que el héroe, a pesar de ir siempre en su busca, tiene mil anécdotas que contar de cómo se libró.

10. El héroe crea sentido por medio de su voluntad

El sinsentido o nihilismo es una falta parámetros interpretativos. La modernidad está marcada un nihilismo perezoso porque rechaza como no-validos códigos previamente establecidos sin molestarse crear unos nuevos. Eso no es un proceso completo. Ese rechazo tendría que sentar las bases para movernos en otra dirección, para crear un sistema alternativo, nuestro sistema. Ese sistema puede ser rechazado y modificado cuantas veces sea necesario porque no es la rigidez, ni la tradición lo que define su validez sino la capacidad para crear una realidad de acuerdo a nuestras necesidades. Si sólo rechazamos, sin protegernos de la Realidad, con mayúsculas, surge la angustia existencial. La razón es que nos estamos enfrentando a la eternidad siendo mortales. Como decía, la Realidad es enorme, eterna e inabarcable y nos deja fuera. El hombre pertenece a un tiempo y un espacio determinados. El sentido se crea a partir de ese tiempo y ese espacio.

El héroe sabe que para vencer esa angustia existencial tiene que adaptar la realidad a su círculo acción. El sentido, como el alma tiene ser creado, ganado, conquistado. El héroe sabe que la vida, este tiempo limitado que poseemos, es en realidad una posibilidad crear sentido, de crear su momento de Aristeia.  Porque para que algo tenga sentido tiene que tener principio y fin. Dentro de la eternidad no hay consecuencias.

Los héroes nos han enseñado, desde el principio de la humanidad, que somos responsables nuestra parcela de realidad, de ese tiempo limitado que poseemos.

La modernidad, es quizá el periodo de la historia que más daño ha hecho a la creación sentido en cuanto a lo espiritual, artístico, religioso, ético y educacional. Por eso el héroe es ahora más necesario que nunca. Con su fe, el héroe crea una realidad tan poderosa que se extiende e impregna al resto. Esa fe es una certeza exenta de ruido, pura, no infectada por la incredulidad ni el desencanto del mundo. Él es su misión y su misión es su vida. Eso es ser Jesucristo, Buda, Alejandro, Byron… El héroe transforma con su actuar nuestra visión y nos descubre nuevas forma de ser y estar en el mundo.

Cuando penséis en durar, pensad que hoy es vuestro día 1º de inmortalidad, pensad que conseguir un tiempo lleno es lo que realmente cuenta en la suma total de nuestros días, que las horas, los meses, los años y los siglos no son nada sin ese centro consciente que otorga sentido hasta a lo más pequeño y a simple vista insignificante. Pensad en lo que los héroes, todos ellos MORTALES, han hecho con ese tiempo del que todos disponemos. Pensad que todas las creaciones que disfrutamos hoy son fruto de su trabajo. Un trabajo que es sagrado y que requiere toda una vida para ser completado.

Esta máxima de los monjes Benedictinos “LABORARE EST ORARE” y que significa “trabajar es rezar”, resume perfectamente la actitud del héroe. Rezar no es hincarse rodillas y pedir algo. Es procurar que cada cosa que hagamos lleve en sí la intensidad, la voluntad y la concentración que una oración requiere. Es convertir nuestra vida en una sucesión de actos sagrados y admitir que nuestro destino está ligado al tiempo que poseemos.

Si os quedáis con algo de todo lo que he dicho, me gustaría que fuera con esto:

Primero, que escoger una actitud heroica es el remedio para casi todos los males modernos. Segundo, que el héroe nos hace conscientes de nuestra mortalidad y a la vez, con su actuar, nos proporciona las claves de la verdadera inmortalidad. Y por último, que el héroe nos demuestra con su hacer y con su ser, que el verdadero logro en la vida es conseguir la inmortalidad teniendo un tiempo limitado.

Gracias

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